domingo, 15 de mayo de 2016

Querida Clara

Desde que llegué a Madrid mi vida ha dado un giro de 360 grados. Yo hace unos años era una chica sin más, no tenía nada que me  motivara, nada que me hiciera sonreír cuando me despertaba, nada por lo que luchar; hasta hace dos años, un mes y cinco días.   

Me encantaba el buen tiempo y aprovechando que los Domingos libraba me iba al parque del retiro a caminar. Me entretenía ver a la gente pasar, ver que ellos a diferencia de mí si tenían ganas de sonreír; personas ejercitándose, personas paseando, pero cuando digo “personas” me refiero a parejas porque todas esas personas iban en parejas, lo que me hacia sentir peor aún. No conocía a nadie en Madrid, ya me había dicho mi madre que iba a ser una locura venir a trabajar aquí, y sí, estaba siendo la mayor locura en soledad jamás vivida.

Estaba perdidamente enamorada de Dario, el cual insistía en que luchara por mis sueños. Recuerdo que decía “Si nuestro amor es verdadero, habrá que esperar” y así fue la espera más larga de mi vida. Él se quedó en Fuerteventura trabajando y hacía tres meses que no lo veía.

Era Domingo, y como cada Domingo me levanté temprano a desayunar. No me costaba madrugar porque en mi día libre siempre procuraba preparar un desayuno de campeones por lo que me levantaba sin problemas; huevos con beicon, zumo de naranja recién exprimido y café.

Una vez desayunada, duchada y vestida me dispuse a salir de casa, pues como siempre, me paré a mirarme en el gran espejo que había en mi portal. Cuando abrí la puerta me llevé una gran sorpresa, había un sobre enganchado a los barrotes con mi nombre: Clara.

Se me pasaron mil cosas por la mente, ¿mi novio?, ¿un admirador secreto?. Sí, siempre había sido muy peliculera, y en este caso no iba a ser menos. Abrí la carta, lo que tenía que haber hecho desde el principio. En lo primero que me fijé fue en la letra, era escrita a ordenador, qué poco romántico pensé, por lo que estaba dando por hecho que era Christian. Solo habían tres líneas:


“Querida Clara,

te espero en el Retiro, concretamente en frente del Palacio de Cristal.

Esperaré por ti, como he esperado toda la vida”



En el fondo ya sabía que era él, pero no quería adelantar acontecimientos, ni quería emocionarme para nada. El trayecto se me hizo eterno, pensé que nunca llegaría aunque se me hizo más ameno por algunos artistas callejeros que me fui encontrando. Estaba muy nerviosa, me sudaban las manos y no podía parar de leer la carta una y otra vez.

Cuando llegué a donde me indicaban miré a un lado y a otro buscando a alguien conocido, hasta que localicé otra carta con mi nombre. Me acerqué a ella y la abrí:


“Nuestro amor es tan verdadero que ya no vas a tener que esperar más”



Me tocaron el hombro y mi corazón empezó a latir con fuerza. Me giré delicadamente y allí estaba él, era Dario, el amor de mi vida. Me dijo que lo había dejado todo y que se venía a vivir conmigo.


 Así fue como la mayor locura en soledad se convirtió en una locura en pareja. Desde ese día, todos y cada uno de los Domingos fuimos en pareja al parque del Retiro.



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